sábado, 17 de junio de 2017

SIR ARTHUR CONAN DOYLE

SIR ARTHUR CONAN DOYLE

José Francisco Sastre García

            Hablar de Sir Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 22 de mayo de 1859 – Crowborough, 7 de julio de 1930) es hablar, sobre todo, de su personaje más inmortal, el detective consultor Sherlock Holmes, paradigma de la sagacidad y la inteligencia al servicio de la investigación criminal.
            La obra de este médico / autor escocés es mucho más amplia de lo que mucha gente cree: muy conocidos son, también, su personaje del Profesor Challenger, en palabras de Conan Doyle, “un cerebro privilegiado en el cuerpo de un hombre de las cavernas”, y las aventuras de corte histórico en las guerras napoleónicas (el brigadier Gerard), la guerra de los boers, y otras.
            Teniendo en cuenta la fama que cogieron los relatos de Holmes, resulta sorprendente descubrir que no era ni de lejos su personaje favorito; de hecho, llegó a decirle a su madre que “quería matar a Sherlock Holmes, ya que estaba gastando su mente”. Por aquel entonces, ya había adquirido tal renombre que ella misma le advirtió que la gente no se lo iba a tomar a bien, y así resultó: en “El Problema Final” acaba con su vida en un enfrentamiento con su mortal enemigo, el profesor Moriarty (un elemento, por cierto, que apenas aparece en la obra del escritor a pesar de toda la parafernalia que se ha escrito y filmado sobre él), lo que conlleva que el público lector, ávido de más historias sobre el detective consultor, se le echara al cuello llamándole de todo, declarándolo asesino, que se le juzgara por haber matado a su personaje, y exigiéndole que lo resucitara…
            Doyle aguantaría un cierto tiempo hasta que, con tanta presión, decide publicar “El Sabueso de los Baskerville”, una novela que posteriormente traería nueva controversia, ya que fue acusado de plagiarlo a un periodista, Bertram Fletcher Robinson, amigo de Conan Doyle, por Rodger Garrick-Steele, también escritor. La cosa podría haber quedado en una mera anécdota si el escritor no hubiera cargado las tintas aún más acusando al escocés de haber sido el amante de la mujer de Robinson, y que la muerte del periodista había sido fruto de una conspiración entre los adúlteros para hacerla parecer por causas naturales…
            Al margen de todo esto, que ha surgido en época reciente, el hecho de que siguiera sin resucitar a Sherlock Holmes hacía que el público continuara volcado en sus ataques contra él, hasta que, harto de todo, decidió devolver a la vida a su personaje en “El Misterio de la Casa Deshabitada”. Los ánimos se calmaron por fin y las cosas volvieron a una cierta normalidad.
             Con todo, el personaje que más acabado se considera es el profesor Challenger, un excéntrico científico embarcado en las más extravagantes aventuras en pos de inventos o descubrimientos de lo más insólito y, en ocasiones, sorprendente: desde descubrir una tierra detenida en el tiempo (“El Mundo Perdido”), hasta construir máquinas que podrían considerarse un avance de lo que estamos empezando a vivir (“La Máquina Desintegradora” o “El Día en que la Tierra Aulló”, por ejemplo).
            La época victoriana que le tocó vivir le influyó poderosamente a la hora de tocar temas muy específicos tanto en sus relatos como en su vida: se convirtió en un ferviente seguidor del movimiento espiritista, convencido de que los espíritus existían y que regresaban del otro mundo para hablar con los vivos, cuestión que tocó en más de un relato y, especialmente, en su libro “La Tierra de la Niebla”, en la que el Profesor Challenger, un científico perseguidor de todo tipo de engaños sobrenaturales en cuanto tenía ocasión, acaba por convertirse, igual que su creador, a la fe espiritista, tras convencerse de que ha hablado con su mujer fallecida.
            Aún fue mucho más lejos en estos caminos: por aquel entonces estaban de moda las hadas, se hacían muchas fotografía, en su mayor parte demasiado borrosas o ambiguas para tenerlas en cuenta, hasta que surgió un caso que trascendió más allá de toda medida: el asunto de las hadas de Cottingley.
            No me extenderé demasiado en este tema, pues se puede encontrar fácilmente, tan sólo comentar que las hermanas Wright hablaron acerca de que jugaban y hablaban con hadas, e incluso llegaron a hacerse algunas fotos muy “claras” con ellas; las figuritas se ven muy a la moda de la época, lo que hizo sospechar, y con razón, que se trataba de montajes de recortes de diversas revistas de la época.
            La cuestión es que Conan Doyle siempre creyó hasta su muerte que las hadas de Cottingley eran seres reales, y que se trataba de seres elementales de la naturaleza a los que sólo podían ver personas con una sensibilidad o unas dotes especiales: defendió el caso a capa y espada, empleándose a fondo, y ganándose una fuerte fama de crédulo e inocente a causa de esto y del espiritismo, algo que le reportó muchas burlas y un descrédito que pudo perjudicarlo como escritor o como médico.
            Al margen de todo esto, no podemos dejar de hablar de Conan Doyle como escritor: el estilo y la forma que muestra en su obra resultan de lo más atractivos, yendo al grano y procurando generar la ambientación y la necesidad adecuadas según lo que estuviera escribiendo; así, en Sherlock Holmes se recrea en los detalles, explicando la investigación paso a paso, mostrando una y otra vez el aserto del detective de que para resolver un caso hay que ir eliminando lo que no puede ser, y que lo que quede, por improbable que parezca, ha de ser la verdad; en el profesor Challenger sigue una línea muy parecida, explicando las ideas del personaje y sus pasos para llegar al punto al que quiere llegar; y en sus novelas históricas recrea los escenarios con gran fuerza, manteniendo dentro de lo que cabe todo dentro de los cauces de la historia…
            Su estilo es rápido, directo como una flecha, aunque en ocasiones puede ralentizarse un poco, con una prosa decimonónica que resulta de lo más adecuada para el ambiente en que se desenvuelven los personajes; los relatos cortos se vuelven tan efímeros que dan la sensación de haber sido dejados a medias aposta para que el lector pida más, mientras que las novelas, aunque eficaces y eficientes, por momentos pueden resultar un poco más lentas o flojas. Icono del género policíaco o negro, ha sido fuente de inspiración para muchos autores posteriores.

            Para terminar, podemos contar de él una cuestión que surgió en 2015: un grafólogo español, Jesús Delgado, estudió al escocés y consideró, en su libro “Informe policial: la Verdadera Identidad de Jack el Destripador”, la posibilidad de que el terror del Londres de finales del siglo XIX hubiera sido en realidad Sir Arthur Conan Doyle. ¿Verdad? ¿Ilusión? No parece probable, aunque en el caso del Destripador nada es descartable y, al mismo tiempo, nada resulta lo suficientemente incontestable como para poder afirmar algo con rotundidad. El hecho evidente es que el Holmes de Doyle jamás se enfrentó al Destripador, tal vez porque el autor no tenía suficientes datos como para establecer una novela en la que exponer una idea razonable. O porque quizás el trasfondo de esta truculenta historia tenía demasiada miga como para intentar meter mano, no fuera a ser que se la cortaran…

domingo, 11 de junio de 2017

ALHORKANDRO MAGNO

THE NEW LHORK HERALD TRIBUNE

ALHORKANDRO MAGNO



Erre.–  Los dos inmensos ejércitos se observaban fieramente: de un lado, las tropas del todopoderoso Alhorkandro Magno, el macedonio que se había embarcado en una inacabable campaña de conquistas a lo largo de todo Oriente; y del otro, los hindúes, con sus filas repletas de elefantes.
Tras la habitual interrupción para comer el bocata y parlamentar, la única solución que habían encontrado ambos bandos, después de un furioso cruce de insultos y galletas de chocolate, era la guerra, la dura e inapelable confrontación bélica.
Y todo por un tipo que había provocado la debacle de Persépolis, un tipo vestido de negro, con una especie de tela anudada al cuello, y unos cristales oscuros tapando sus ojos; había hecho un gesto raro con el dedo, pasándoselo por los labios, y todas las mujeres de Darío habían enloquecido hasta el punto de provocar una turbamulta que lo persiguió hasta las afueras de la ciudad, intentando alcanzarle unos para lincharle y otras vaya usted a saber para qué: tras su paso, no había quedado piedra sobre piedra, todo había sido asolado como por un terremoto; y Alhorkandro había jurado venganza, por lo que había enviado a sus exploradores tras los pasos de aquel desaprensivo, hasta alcanzarlo en aquel lugar tan lejano.
Y ahora, como las tropas que tenía frente a sí le protegían, se veía obligado a combatir contra unos animales a los que no conocía y que le parecían auténticas masas de carne capaces de hacer papilla a su ejército, que murmuraba nerviosamente y protestaba por los bajos salarios que cobraban por hacer aquellas ingratas faenas.
Militaba en sus filas una hechicera de renombre: Morgana de Lhork, experta en cualquier tipo de magia, capaz, según comentaban las malas lenguas, de convertir en mosca de la basura a cualquier que se le pusiese pelma; y, para su eterno lamento, una de sus mejores capitanas y luchadoras, Red Sara, lo había abandonado y se había pasado a las filas de los hindúes, pretextando que tenía ganas de tomarse unas vacaciones y aquél era un momento tan bueno como cualquier otro para tomárselas. Como es de suponer, Alhorkandro se había puesto como un basilisco, jurando en arameo y en swahili, asegurando que tendría su cabeza en una pica expuesta en las murallas de Atenas.
La capitana se le había reído en sus barbas, que ya tenían una semana después de las forzadas marchas a que había sometido a sus hombres, y se había largado con viento fresco.
Para destrozar de una vez a aquellos fanfarrones que pretendían impedirle alcanzar al tipo de negro (que, por cierto, andaba por ahí con una botella de algo que no era vino y cuyo nombre resultaba raro, algo así como Martirio), mandó lanzar un ataque en cuña de su caballería, esperando que sus enemigos cayeran bajo su espada como el trigo bajo la guadaña.
Sin embargo, Red Sara conocía sus tácticas, y sabía que su principal virtud para vencer, es decir, la extravagancia en el combate que le había dado el nombre de Alhorkandro, era también su máxima debilidad, y decidió aprovecharla en la medida de lo posible: ordenó que los elefantes se separaran y les dejaran pasar entre ellos, para intentar pillarles bajo sus enormes patas; todo hubiera ido perfectamente, si Morgana, desde la retaguardia, no hubiese lanzado un poderoso conjuro de ceguera contra los inmensos animales, que los hizo volverse locos de pavor y comenzar a pisotear aquí y allá sin ton ni son, como si estuviesen bailando una de esas músicas psicodélicas que tanto gustaban en los años sesenta.
-¡Por la gloria de Lhork! –gritaba una y otra vez el general macedonio, lanzándose a la carga continuamente, tratando de penetrar las defensas hindúes sin conseguirlo.
En un momento dado, pareció que los ksatriyas, recuperados de la ceguera temporal impuesta por Morgana, tuvieron las de ganar, manteniendo a raya a las tropas griegas, obligándolas a combatir con el río Indo a sus espaldas, gracias a la magistral estratega que era Red Sara, pero una inesperada maniobra de los macedonios los descolocó por completo: Alhorkandro miró hacia el cielo, y abrió desmesuradamente los ojos.
-¡Mirad, el sagrado Cetro de Trados desciende a nosotros! –gritó señalando algo.
Todos los ojos elevaron su mirada en busca de lo que indicaba, aunque no vieron nada más que un ala delta revoloteando sobre ellos, arrastrando detrás de sí un cartel que decía “Beba Coca-Cola”.
La siguiente orden fue volver a la carga: mientras estaban despistados, el equipo de casa fue vapuleado a conciencia por los visitantes: hubo varios penaltis, que el pichichi resolvió con pleno acierto, en el minuto 77 ya ganaban por 17-0... Huy, perdón, se me ha cruzado el programa del García.
Como iba diciendo, aprovechando el desconcierto de las tropas hindúes, los macedonios aprovecharon para atacar con fiereza, consiguiendo hacer retroceder a sus enemigos, y avanzando hacia la capital de aquel exótico reino: la resistencia había sido vencida, el ejército había huido como alma que lleva el diablo, y el camino hacia el hombre de negro parecía expedito.
Pero Alhorkandro no había contado con sus propios hombres: estaban descontentos, sobre todo tras ver el anuncio del ala delta, y deseaban tomarse un refresco en el disco-pub más famoso de la época, en Petra, el lugar más fresquito de todo el desierto. De nada sirvieron los ruegos ni las amenazas del general, el ejército comenzó a dar media vuelta y el macedonio, resignado, hubo de volverse con ellos.
Durante el regreso, Red Sara le alcanzó.
-¿Qué tal la fiesta, colega? –preguntó, tendiéndole una botella de LhorkRioja.
-Psché, podría haber sido mejor –se lamentó Alhorkandro tras un buen lingotazo de aquel magistral reconstituyente-: no sé, me ha resultado demasiado fácil vencerlos; el truco de la Coca-Cola está ya muy visto, y a pesar de eso han picado como todo el mundo. Y tú, ¿qué? Debería colgarte por traidora.
-Venga, hombre –se defendió la capitana alegremente-. No seas tan quisquilloso, sólo ha sido un truco para que la batalla no fuese demasiado aburrida: alguien debía ponerle un poco más de emoción, porque, desde luego, si hubiésemos combatido juntos, nos habríamos comido a esos elefantes con patatas en un abrir y cerrar de ojos.
Alhorkandro la miró pensativamente durante unos minutos.
-Bueno, vale –admitió con un mohín de fastidio-: te lo admito. Pero la próxima vez que quieras hacer algo así dímelo, o me enfadaré: recuerda que soy yo quien lleva el Estratego y el Risk. ¿Está claro?
-Vale, jefe –aceptó jocosamente la mujer-: ya estamos con lo de siempre. A veces pienso que tu padre, Filipo de Macedonia, debería haberte educado un poco mejor, en lugar de dejarte hacer lo que te vino en gana: eres peor que un niño malcriado.
-¿A qué no te dejo jugas más? –se irritó el general-. Mira que puedo echarte del Cuadrado de Lhork, que tengo muchas influencias con el CIO.
-¿Tú sólo? –se burló Red Sara.

The Pucelan Brothers.


Nota de la redacción: ¡Qué desesperación! No ya uno, sino dos, son los locos que nos atacan con saña y alevosía, con premeditación y nocturnidad. Esta vez hemos recibido la visita de una mujer que pidió hablar con el redactor jefe in person. Le dio este desatino, y le aseguró que era la colaboradora del Sr. Sastre, nuestro enemigo jurado desde los más tiempos más remotos.

            Intentamos atraparla, pero, misteriosamente, se desvaneció dejando tras sí una ligera voluta de humo. Si es capaz de hacer esas cosas, ¿no se nos colará por la redacción cuando le venga en gana? ¡Por Mitra y Lhork, por Crom y Asura, que esto es como para volverse loco de remate! Nuestro redactor jefe, desistiendo ya de conseguir librarse de esta plaga, se ha dado al LhorkRioja, y ahora ya no es capaz de distinguir un ordenador de una silla, de ahí que, de vez en cuando, se nos escapen algunas erratas sin importancia en los números correspondientes. Le hemos llamado al orden, pero posiblemente habremos de llevarlo a Alcohólicos Anónimos y a una terapia de choque para que consiga superar el trauma de haber conocido a “The Pucelan Brothers”.

sábado, 3 de junio de 2017

EL MISTERIO DE ROANOKE

EL ¿MISTERIO? DE LA ISLA DE ROANOKE

José Francisco Sastre García

            A veces me pregunto hasta dónde podemos llegar en nuestro afán de tener las cosas hechas y mascadas, y no tener que pensar nada de nada, para no desgastar nuestro cerebro en cosas aparentemente vanas e inútiles. Tomar lo que se nos dice sin indagar nada, sin preocuparnos de si detrás de esa información hay investigación real o sólo un pequeño arañar que no conduce a ninguna parte…
            Hago esta pequeña reflexión a costa de un misterio que lleva más de 400 años coleando, y que recuperé no hace mucho para escribir una historia de misterio sobre él; pensaba plantearme algo de tipo lovecraftiano, así que rebusqué información para darle la ambientación adecuada.
            El misterio en cuestión es el de los colonos perdidos de la isla de Roanoke, una expedición inglesa de finales del siglo XVI que se asentó en esa isla y que, no se sabe cómo ni por qué, desapareció sin dejar rastro. Éste es el resumen más básico de la historia, ahora voy a exponer la historia de esa expedición y luego veremos qué hay de misterio en todo esto…

  • El 17 agosto de 1585, Sir Richard Grenville llega a la isla de Roanoke y deja en ella a Ralph Lane como gobernador de la colonia y a 107 ingleses.
  • A los colonos no se les ocurre otra que asaltar una aldea nativa, lo que conduce a un ataque indígena que no consiguen rechazar más que a duras penas. Sir Francis Drake aparece más tarde y ofrece a los supervivientes regresar a Inglaterra. Uno de los que embarcan es un metalúrgico, Joachim Gans.
  • Grenville aparece más tarde, lo encuentra todo abandonado y deja un pequeño destacamento antes de regresar a Inglaterra.
  • En 1587, Sir Walter Raleigh envía 115 colonos a la bahía de Chesapeake. Al frente pone como gobernador a John White. Desde ahí se les envía a Roanoke, donde llegan el 22 de julio de 1587; no encuentran nada, sólo un esqueleto, posiblemente de algún miembro del destacamento. Simón Fernández, comandante de la flota, ordena que se mantenga la colonia en lugar de reembarcarlos y devolverlos a Inglaterra.
  • White establece relaciones con los croatoan, pero las tribus que habían combatido con la gente de Raleigh se niegan a aceptarlo. Poco después uno de los ingleses, George Howe, es asesinado mientras busca cangrejos en Albemarle Sound. Se acusa a los nativos.
  • Ante la falta de recursos y temiendo represalias de los indígenas, John White, a instancias de los colonos, parte hacia Inglaterra a finales de 1587 para informar y solicitar ayuda.
  • La presencia de la Armada Invencible en las costas británicas y el mal tiempo impiden que se envíe una flota a Roanoke.
  • Durante la primavera de 1588, White intenta regresar a Roanoke con dos pequeñas embarcaciones, pero la avaricia de las tripulaciones hace que se dediquen a la piratería y ha de regresar a Inglaterra sin avistar la colonia.
  • El 18 de agosto 1590, White consigue anclar por fin en Roanoke con una expedición corsaria. La encuentra desierta, sin rastro de violencia alguna. Las casas han sido desmontadas, lo que parece indicar una intención de marcha. También encuentra la palabra “croatoan” grabada en un tronco, y “cro” en otro. No hay ninguna cruz de Malta por ninguna parte, tal y como había pactado con los colonos si sucedía algo violento, por lo que interpreta que se han ido a la isla de Croatoan (actualmente, isla Hatteras). Cuando intenta comprobarlo, se ve retenido por el mal tiempo.
  • Thomas Harriot, un naturalista que trabajó para Sir Walter Raleigh, atestigua que las relaciones entre colonos e indios eran amistosas. Evita testimonios sobre los problemas en la colonia durante la época de la desaparición, tal vez para fomentar la llegada de más colonos a las nuevas tierras.
  • En 1602, Sir Walter Raleigh envía una expedición bajo las órdenes de Samuel Mace para investigar la desaparición, pero no puede llevarla a cabo: distraído con recolecciones naturalistas, para cuando intenta prestar atención a su misión principal el mal tiempo se lo impide.
  • En este ínterin, los españoles también intentan investigar: tener cerca de sus posiciones una colonia inglesa que puede ser utilizada como base para los corsarios no les resulta grato. Su intención es destruirla antes de que resulte una amenaza, pero con la información que poseen no pueden localizarla hasta 1590. Los restos que descubren les hacen pensar que se trataba de una avanzadilla de la original de la Bahía de Chesapeake, descartando la idea inicial de que se trataba de una colonia más próspera.
  • En el año 2000, una historiadora, Lee Miller, escribe un libro en el que expone una teoría sobre la desaparición de los colonos: los colonos se integran con los chowanoke, y éstos a su vez son atacados por los mandoag (enemigos), que pudieron ser tuscarora o wainoke (eno). Esta teoría se ve apoyada por el mapa de Zúñiga, en el que aparece un texto que indica que “four men clothed that came from roonock”(“cuatro hombres vestidos que llegan de Roonock”) vivían en un poblado iroqués; asimismo, William Strachey, un secretario de la colonia de Jamestown, atestiguó en su escrito “The historie of travaile into Virginia Britannia”, en 1612, que había poblados indios en los que se habían construido casas de piedra de dos pisos, tal vez aprendido de los colonos de Roanoke. De la misma manera, durante este periodo el secretario dio fe de un encuentro con dos chicos y una chica blancos en un poblado eno (wainoke). Incluso la tradición de los croatoan, que habían vivido en la isla de Roanoke y en la que lleva su nombre (Hatteras), dice que tienen ascendientes blancos. Posteriormente, a partir del XVII y el XVIII, se han dado testimonios de indígenas con ojos grises o azules, pelo rubio… Señales de este tipo aparecen en unas cuantas tribus de la región.
  • También se aportan como pruebas de la partida de los colonos unas piedras, conocidas como piedras Dare, encontradas entre 1937 y 1941, en las que al parecer se relatan los viajes, vicisitudes y muerte de los colonos. Hay discusión sobre su autenticidad.
  • Para rematar la faena, diremos que en 1998 la Universidad del Este de Carolina organizó el proyecto Croatoan con el fin de descubrir pruebas arqueológicas de lo sucedido en Roanoke. El resultado fue hallar en el emplazamiento de la antigua capital croatoan armas de chispa, cuartos de penique del siglo XVI… La relación parece conducir a la primera colonia, la de Ralph Lane.
  • Otro proyecto, comenzado en 2005 por “Lost Colony DNA Project”, pretende comprobar si los colonos se integraron con los indios o no.


Parece bastante claro, ¿no? Todo esto lo fui viendo en un lapso de tiempo muy breve, tan sólo con bucear un poco en la información. Así pues, ¿por qué exponer teorías como las que se plantearon acerca de la aniquilación de la colonia por parte de indígenas, españoles? ¿Que se montaran en una nave y se perdieran en alta mar? ¿Que fueran devorados por caníbales? ¿O algunas aún más rebuscadas y estrambóticas?
Vayamos al grano: de cara, el que hayamos andado especulando con el significado o el sentido de la palabra croatoan demuestra que nos hemos limitado a seguir continuando un misterio inexistente: era una tribu que vivía cerca de los colonos perdidos, lo que de cara ya da una pista muy clara de lo que seguramente sucedió. John White había pactado con sus compañeros de Roanoke que si sucedía algo trágico dejaran una marca en forma de cruz de Malta, cosa que no sucedió, sino que alguien escribió esa palabra en el tronco de un árbol, además de iniciar una segunda en otro tronco. Si además le añadimos que la colonia por lo visto había sido desmontada, que no destruida, hay una clara indicación de que se trasladaban a otro lugar, casi con toda certeza a la capital de los croatoan. ¿Misterio? ¿Dónde?
Adjuntemos además las tradiciones de las tribus, que dicen tener ascendientes blancos, y esos datos acerca de indios rubios, o de ojos grises o azules, y el panorama se aclara aún más.
Sinceramente, mi opinión al respecto es la más obvia: ante la falta de recursos, los colonos se vieron obligados a desplazarse a la capital croatoan, en un viaje seguramente no exento de dificultades. Algunos colonos acabaron en unas tribus, otros en otras, y al final la dispersión hizo que se perdiera la pista.
Y por otra parte tenemos las piedras Dare. Aunque parecen mostrar la ruta que siguieron los colonos, hay algo que me desconcierta y me hace dudar de ellas: si llevaban telas y posiblemente papel, ¿qué le hubiera costado a Eleanor Dare plasmar ese contenido en un material más asequible para ellos?
En resumen: más de 400 años dando vueltas a un asunto que sólo merece que se le dedique el momento de averiguar si el ADN de las tribus lleva también ADN inglés del siglo XVII, que por las pintas va a salir un resultado más que positivo…

Bibliografía:

  • Wikipedia
  • 1585-1586. A Brief and True Report of the new Found Land of Virginia, Thomas Harriot.
  • 1612. The historie of travaile into Virginia Britannia, William Strachey.
  • 1709. A New Voyage to Carolina, John Lawson.
  • 12 de febrero de 1885. Artículo en el The Fayetteville Observer sobre el origen de los nativos americanos.
  • 2000. Roanoke: Solving the Mystery of the Lost Colony, Lee Miller.

sábado, 27 de mayo de 2017

SABER MOVERSE. JORGE DAVID ALONSO CURIEL













SABER MOVERSE

José Francisco Sastre García

            Fiel a su estilo y forma de escribir, Jorge David Alonso refleja en esta obra, Saber Moverse, una forma de vida como la actual, en la que las relaciones humanas se vuelven más complejas y nos guían por caminos desacostumbrados, habitualmente problemáticos.
            En esta antología que consta de trece relatos (sí, trece, no soy supersticioso y, por las apariencias, Jorge David tampoco), los personajes se mueven por la vida envueltos en historias repletas de situaciones complicadas, muy rutinarias y al tiempo inhabituales, a las que deben hacer frente de la manera más adecuada posible, dando pie a la idea genérica del título de la obra: es necesario saber moverse, saber encontrar la manera de capear los temporales y seguir adelante.
            Encontramos en estas narraciones, a partes más o menos iguales, costumbrismo, romance, erotismo, vivencias, sentimentalismo, rudeza… Relatos en los que la mujer cobra un papel mayor al acostumbrado entre los autores masculinos, ya que, entre otras cosas, el autor intenta meterse en la piel de las féminas, en su mente, para retratar sus ideas, su modo de pensar, su forma de actuar, para así intentar entenderlas mejor, componiendo un cuadro exquisito en el que como ya hemos dicho, todos han de poner de su parte para resolver las situaciones de conflicto que van surgiendo y a las que han de enfrentarse de un modo u otro, mostrando por una parte la grandeza del ser humano y por otra su bajeza.
            Escritas de una manera sencilla, con un estilo directo y ágil, se leen rápido y bien, conformando un todo completo, un entramado coherente y homogéneo que hace aún más atractivo el conjunto.

            En suma, Saber Moverse es un libro que merece la pena comprar y leer. Pueden encontrarlo en librerías o encargarlo en la página de la Editorial Atlantis…

sábado, 20 de mayo de 2017

LEYENDAS Y MITOS DE NUESTRA TIERRA

LEYENDAS Y MITOS DE NUESTRA TIERRA

José Francisco Sastre García

            Editada por Suseya Ediciones, Leyendas y Mitos de Nuestra Tierra es una antología en la que se dan cita catorce autores para recuperar las tradiciones más seculares de esta piel de toro en la que vivimos, escribiendo sendos relatos en los que se dan cita historias que rememoran hitos como el de la cueva de Salamanca, o los rumores acerca de los túneles de Peñafiel entre otras.
            La mayoría de estas narraciones relatan usos de Castilla y León, aunque los hay de otros lugares de España, reflejando una pléyade de estilos y formas de escribir distintas, que enriquecen en su heterogeneidad el conjunto de la obra.
            De la misma manera, es conveniente recalcar que no se trata de una antología en la que, sin más, los autores exponemos las leyendas clásicas; para eso ya hay muchos libros en los que se recopilan, ofreciendo una visión normalizada. No, en este caso cada autor toma datos, ideas de dichos saberes populares, y los expone a su manera, con relatos en los que hay una parte de recogida y exposición de información, y otra de reelaboración de dicha documentación; así, nos encontramos con relatos en los que se sigue con mucha fidelidad la tradición, y otros en los que se construye una trama basada en los rumores o las consejas; e incluso algunos en los que, sencillamente, se plantea la escritura de una narración sobre unas bases apenas existentes para recrear una leyenda que, en el fondo, no es tal, sino un cuento narrado con la estructura de una tradición.
            De esta manera, en esta antología se puede disfrutar de relatos escritos con estilos diferentes que se constituyen en un todo armónico y homogéneo, aportando un barniz mítico a un conjunto que, en un principio, podría parecer disperso.
            Suseya Ediciones comienza con esta obra una serie con la que pretende acercarse y acercarnos al acerbo legendario de las diferentes culturas, apostando por autores que le presten riqueza. Y, de momento, ha conseguido una buena aproximación, que a buen seguro mejorará en las siguientes ediciones.
            El libro puede adquirirse a través de la página web de Suseya y en librerías.


sábado, 13 de mayo de 2017

LAS CRUZADAS

THE NEW LHORK HERALD TRIBUNE

LAS CRUZADAS (CRUZÁS EN CASTELLANO, QUÉ LECHES)



Erre.–  Érase una vez que se era, un rey muy carismático llamado Ricardo corazón de Lhork, que debía enfrentarse a una empresa terriblemente terrible: la conquista de la inconquistable Jerusalén, ciudad Santa donde las haya, y claro, tenía que ser cristiana, ya se sabe, principalmente por sus bodegas apócrifas repletas del Sagrado Vino Lhorkrioja, que nadie sabe cómo llegaron hasta allí.
El susodicho monarca, rodeado de un séquito bastante pobre, pero demoledor, se dispuso al ataque, tipo banzai, de la ciudad, contra un ejército compuesto por miles y miles de hombres defendiendo su religión y su ciudad.
- Hermanos..., nos hemos reunido hoy aquí para conquistar una ciudad de forma amena y divertida. Ya sabéis que lo importante no es ganar, sino participar, con lo cual... ¡Queda inaugurada esta conquista! (Con un buen chupito de Lhorkrioja).
Los compañeros de nuestro paladín, motivados por tan elocuente discurso eran, además de políglotas, porque si no uno no se explica cómo le podían entender, los siguientes:
  • Lhorkofredo de Bouillon, un francés un tanto amanerado pero ágil con el abrecartas y el lacre.
  • Lhorkberto de Flandes, conocido así por ser un adicto al flan de una marca oriental que no vamos a citar aquí.
  • El Cabo Primero Trueno, qué decir aparte de que se apunta a un bombardeo en alfombra acompañado por sus inseparables Goliath (¿o era Gorilath?), Crispín el Crispado y la maciza de la Sigrid.
  • Y por último, pero no menos importante por ello, el Probe Migué, acompañado de Triana Pura.

Bajo el himno de: “Y si semos los perdedores, bueno y qué, y si semos los perdedores bueno y qué, y si semos los perdedores, y si semos los perdedores, y si semos los perdedores bueno y qué, bueno y qué, bueno y qué.”, nuestros amigüitos se dispusieron en forma de diamante para el triángulo, pero la defensa vio sus planes y se cuadró en forma de trébol, a lo que Richi (Ricardito) formó en Corazón, y los otros en Pica. ¡Caray!, qué difícil es esto de la guerra.
Puesto que Sigrid no quería ejercer de dama, y las torres de asedio carecían de combustible para avanzar, los cristianos hubieron de emplear para su ataque a los sacerdotes, que se dedicaron a avanzar en ele, confundiendo así a la caballeros, que comenzaron a sospechar que algo no cuadraba bien en aquella formación en la que cada cual iba a su bola; al final, toda la marcha terminó con los soldados cargando con sus monturas, gimiendo bajo el peso, y gruñendo cosas como “¡Quién me mandaría a mí apuntarme a estas excursiones programadas por el IMSERSO!”
Una vez declaradas las tablas en el combate inicial, y tras un órdago a chicas que Salhorkdino no quiso aceptar porque no tenía ni un miserable as en la manga, hubo un repliegue general de los exhaustos ejércitos por descarte de todas las cartas inútiles que encontraron por todas partes (francamente, a aquellas alturas, el campo de batalla estaba hecho una leonera, lleno de cartas y piezas de madera, lo que dificultaba y estorbaba la espectacularidad y la fanfarria con la que los cristianos habían programado aquella incomparable cruzada de la que se suponía que se tenían que sentir tan satisfechos); desechada la idea de la formación en tenaza (por ser pocos) y lanza (por ser pacifistas ambos bandos), se decidieron por algo parecido a lo de Jericó, con Triana Pura y el Probe Migué danzando alrededor de las murallas, mas como éstas eran muy amplias en extensión, y los bailarines y cantantes de edad matusalénica, no llegaron a cubrir escasamente veinte metros. Los defensores, muertos de risa, coreaban desde las almenas: “No, no, no nos moverán, no, no, no nos moverán. De las bodegas, no nos podrán separar, no nos moverán. Bis”.
Heridos en lo más profundo por las risas de las defensas Jerusalénicas, ebrias de Lhorkrioja, se decantaron a algo mucho más civilizado y Salhorkmónico, un duelo entre los líderes de ambos bandos a ver quién aguantaba más bebiendo Lhorkrioja. Dicho y hecho.
Trago tras trago, vaso tras vaso iban cayendo las cubas del vino más apreciado del mundo mundial. Entre tanto, para amenizar la velada, se sucedían canciones y cancioneros de ambos bandos, por un lado, el hastiante Probe Migué; por otro un indio Cheyenne o Chayanne, o algo de eso, perdidamente enamorado de una tal Salomé (las leyendas cuentan que esa tipa mandó cortar la cabeza a uno hace años; quizás al tipo le gustan las guerreras).
La liza, encarnizada, incluso hipada, seguía en los salones de la tienda de campaña neutral que habían puesto bajo el pórtico de la entrada principal de la Sacrosanta ciudad. Vasito va, vasito viene, Richi, gritando “A la media vuelta, y otra vuelta más, ... ¡LA BOMBA!”, y el otro, emocionado, a voz en grito, con “¡Qué va a ser la Copa del Amor; es la Copa de Lhork!”.
La cosa volvió a quedar en tablas por el lamentable espectáculo que estaban ofreciendo ambos contendientes, lamentable principalmente porque estaban bebiendo a morro encima de las mesas y cantando como posesos, lo cual llevó a pensar a los partidarios de los dos bandos que para qué iban a pelear, si sólo los jefes se llevaban el trofeo, con lo que se sublevaron, declararon la paz por su cuenta y riesgo y saquearon las bodegas entre todos, haciendo gestos con la mano de V y gritando “¡Paz y Amor Libre!”. Evidentemente, a Sigrid esto no le hizo mucha gracia, pero tras un par de tragos de la inapreciable bebida, tragó y pasó por el aro como una campeona.
Un par de semanas más tarde, cuando ya se había pasado absolutamente toda la resaca (¿?), regresados todos a sus lugares de origen sin haber conquistado la ciudad Santa (pero sí sus reservas, que era el motivo real del ilustre acontecimiento), tras las reprimendas de sus superiores y sus pueblos, recordaron, añorantes, la emotiva despedida de Jerusalén, repartiendo a diestro y siniestro besitos y frases como: “Que la Fuerza te acompañe” (¿Dónde he oído eso antes?), y “En un par de añitos, repetimos ¿eh?”. Cuentan las crónicas que algunos listillos, que luego se hicieron pasar por santos varones y vistieron albas vestiduras con cruces rojas, regresaron de aquellos lares portando misteriosos pergaminos que escondían inefables secretos; pero, en realidad, lo que traían era, por supuesto, la receta de la poción mágica que habían degustado en la sacrosanta ciudad unos meses antes, y de la que, por desgracia, Javierix se había atracado en demasía, por lo que, desde entonces, se le prohibió volver a acercarse a la cuba de dicha poción.
Esto es lo que nunca se ha escrito sobre la verdadera intentona de conquista de la Santa Ciudadela, pero toíta es la verdad de la buena.
Eva Mª Sastre García.


Nota de la redacción: ¡Qué terrible catástrofe! Cuando ya nos habíamos hecho a la idea de tener que aguantar periódicamente las excentricidades y sabotajes del Pucelano Loco, que creemos que se ha tomado unas merecidas vacaciones (esperemos que largas), va y aparece en nuestra redacción una carta. Con el moscón tras la oreja, la abrimos y vemos un currículum intachable de una periodista a la que procedimos a poner en período de prueba. Cuál no fue nuestra sorpresa al comprender nuestro craso error y darnos cuenta de que ésta cándida alma no era sino una aliada fiel del, toquemos madera, Pucelano Loco. Huelga decir que tras el período de prueba no la permitimos firmar formalmente el contrato: huyó como alma que lleva el diablo gritando: “De vez en cuando tendréis noticias mías y de mi colega. ¡Que Lhork os pille confesados!”


sábado, 6 de mayo de 2017

GUARDIANES DE LA GALAXIA VOL. 2

GUARDIANES DE LA GALAXIA VOL. 2

José Francisco Sastre García

            Digamos de esta película que no tiene una definición muy clara: de nuevo Marvel nos regala una entrega de sus superhéroes, en esta ocasión de unos muy particulares en el segundo episodio de sus aventuras estelares…
            Regresan de nuevo los Guardianes de la Galaxia, con una historia llena, como no, de acción y ritmo frenético, con una trama que por momentos resulta más delirante que otra cosa, y algo que hace que se mantenga la frescura: el sarcasmo que rezuma toda la cinta, que lucen los personajes en todo momento, y que atemperan de vez en cuando con momentos más románticos o cañeros.
            Aquí ahondamos un poco más en la vida de Starlord, en su origen, y descubrimos que es hijo de… No sé si hacer el spoiler o no, porque al fin y al cabo voy a tener que mencionarlo, ya que es parte principal en el argumento que se desarrolla a lo largo de todo el filme.
            Veamos: intervienen los héroes de la primera, es decir, Starlord, Rocket, Gamora, Grunt en forma infantil y que ofrece una secuencia divertida al principio que ya va a marcar el resto de la película, y Drax, al que vemos sufrir una evolución notable con respecto a la primera.
            También tenemos en el casting de esta aventura a otros personajes: Silvester Stallone como un capitán de saqueadores con cierta relevancia entre los diversos grupos de saqueadores, valga la redundancia; Yondu, otro de esos capitanes, que juega un papel a caballo entre la mala baba que se gasta y las ideas que poco a poco se van infiltrando en su mente para hacerle cambiar de actitud; Ego, el Planeta Viviente, encarnado bajo la forma de un hombre ya mayor, interpretado por Kurt Russell; Mantis, una joven ayudante o ahijada de Ego; Nébula, una hermana de Gamora con la que le une una relación amor-odio muy notable; y la reina de la raza de los soberanos, unos alienígenas que, por decirlo suavemente, se ven tan por encima del resto del universo que se permiten el lujo de hacer lo que les plazca a capricho.
            Bien… Hasta aquí todo normal, ¿verdad? Mientras no pensemos en los cómics todo va bien, es una película entretenida, trepidante, con acción continua y grandes dosis de ironía; sin embargo, si los hemos leído previamente, encontraremos algunas sorpresas:

  • Yondu no pertenece a este equipo, es del original, del primero de todos.
  • Es de suponer que Mantis se unirá a partir de esta película a los guardianes, si pretendemos mantener un poco la coherencia.
  • Ego, el Planeta Viviente… Un personaje de Marvel con unas características tan peculiares que en esta historia no acaban de encajarme por completo: un planeta vivo, que puede deformar su materia para obtener cualquier figura que desee, y que vaga al azar por el universo con un cierto toque de locura en su mente. Varios héroes marvelianos se han enfrentado a él, entre ellos Thor, el dios del Trueno, y el resultado ha sido ambiguo, por no hablar de tablas.


Como ya he dicho, en general la película se deja ver bien a pesar de su duración, unas dos horas y cuarto, sobre todo gracias a ese sarcasmo al que ya he aludido, y que se refleja en secuencias tan absurdas como el enfrentamiento final entre Starlord y Ego, las salidas de tono de Drax o las escenas iniciales de Grunt.

En suma, una historia que merece la pena ver, olvidándonos por un momento que tiene un origen previo, para poder disfrutar de ella como es debido.